En su libro "El hombre Mediocre", José Ingenieros, manifiesta acerca de la rutina que realizamos diariamente todos los hombres. El dirá la rutina es un esqueleto fósil cuyas piezas resisten a la carcoma de los siglos. No es hija de la experiencia sino su caricatura; la una es fecunda y engendra verdades; la otra es estéril y las mata...
En su órbita giran los espíritus mediocres. Evitan salir de ella y cruzar espacios nuevos, repiten que es preferible lo malo conocido a lo bueno por conocer. Ocupados en disfrutar lo existente, cobran horror a toda innovación que turbe su tranquilidad y les procure desasosiegos. Las ciencias, el heroísmo, los inventos, la virtud misma, parecen instrumentos del mal, en cuanto desarticulan los resortes de sus errores, como en los salvajes, en los niños y en las clases incultas.
Acostumbrados a copiar los prejuicios del medio en que viven, aceptan sin controlar las ideas destiladas en el laboratorio social. Su impotencia para asimilar ideas nuevas los constriñe a frecuentar las antiguas. En síntesis, la rutina es el habito de renunciar a pensar, y eso es lo que estamos encontrando en nuestras aulas, jóvenes que vienen de otros niveles educativos y que no les enseñaron a pensar, a razonar, a reflexionar, a filosofar... La verdad otro año comienza en las escuelas, y es recomenzar de cero para sembrar en estos futuros hombres grandes anhelos de un mejor mañana, pero asumiendo un compromiso como en ser pensante de mis acciones y las de mi prójimo, como un ser social en donde se involucra todo la persona, como un ser en conjunto, pero en constante cambio por los avatares cotidianos de la vida. Esperamos, especialmente los docentes que este nuevo ciclo lectivo sea, una etapa donde todos trabajemos por una mejor sociedad equitativa. Y esperemos que nuestras nuevas mentes sociales se interesen y reflexionen acerca de estos grandes cambios que pueden relizar ellos desde sus diversos ámbitos donde se sociabilizan.
sábado, 13 de marzo de 2010
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